viernes

Espiramos intensamente al desplomarnos sobre el sillón azul con letras rojas: Renfe. Viernes, el tren de las 20:00, los estudiantes se apelotonaban intentando buscar asiento libre. En aquel entonces el AndalucíaExpress vendían tantos billetes como fuese posible, no importaba la calidad del viaje, sino las ganas de estar en casa. 
Ella llegó tarde, desgarbada por las prisas no encontró problema alguno en la falta de sitio y se acomodó en el suelo de goma en mitad del pasillo, animando con la iniciativa a muchos y captando las miradas de sorpresa de otros. 
El había llegado a tiempo, leía un libro de bolsillo en un asiento orientado en el sentido del viaje y al lado de la ventana. Rasgó con sus ojos el aire un segundo, la miró, y volvió a la lectura.
Mientras, Ignacio y yo repasábamos la quiniela, el se había empeñado en que la hiciésemos juntos pese a que yo no sabía de fútbol, "si nos toca compramos el aeropuerto de Castellón". Me encantaba la intensidad de sus sueños, por segundos parecían posibles. 
Ambos tenían el pelo de un negro intenso, nariz pronunciada y labios carnosos, perfectamente los podía ubicar en mi imaginación como sultán y reina mora del califato cordobés. Si colocabas paralelamente sus caras era la combinación perfecta en las cuencas de unos ojos: rasgados y negros versus grandes y verdes. 
20:45: Ignacio había caido rendido en sueño y yo seguía maquinando historias de tren en mi cabeza. Las miradas intensas de ella camufladas por el interés en conocer el título del libro la delataban, ante mi y ante el lector, que no parecía tener inconveniente alguno con  el descaro. 
Para sorpresa de todos, el señor que viajaba justo enfrente de él se levantó para bajarse en la siguiente parada. Cual gacela, sin apoyar ni las manos en el suelo, tiró de la fuerza de sus largas piernas, y una sonrisa nada disimulada ocupó el lugar con: ¿Qué lees?, en los labios. 
Como cuando el viento sopla un diente de león y se desata el terciopelo acariciando el aire, se desataron en espiral sonrisas que ruborizaban a ambos,exaltados por lo agradable de la conversación, estoy segura que deseaban que el viaje no acabase.
No vi ningún intercambio de teléfono, ni ninguna anotación cuando el: "señores pasajeros próxima parada  Córdoba Central, fin del TRAYECTO, le agradecemos vuestra confianza." anunció el FIN y yo besé en la frente a Ignacio que parecía tener tan pocas ganas como ellos de bajar de ese tren. 

Volví a casa inmersa en un pensamiento poseído por la magia de los trenes. Nunca me había parecido tan romántico un viaje espAcial, así que decidí confiar en las vías del  AndalucíaExpress y lo especial de algunas personas, inalterable con el tiempo. Porque existe.





Historias de Tren.




*más arquitectura del aire por vía intravenosa en : http://www.youtube.com/watch?v=ejlvgSjcEoo
 

4 comentarios:

  1. No te puedes imaginar la ilusión que me ha echo leerte, me he emocionado.
    Yo creo en el poder de los trenes, en la magia del ferrocarril.
    Sin duda, existen.

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  2. Que interesante y bonito tu blog, es precioso todo, si te apetece podemos mantener el contacto. Besitos.

    http://redecoratelg.blogspot.com.es/

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