miércoles

Estaba en la cocina rizando pieles de patatas cuando sin darme cuenta me perdí en un pensamiento que ojalá hubiese provocado la cebolla y no mis dudas. Las trizas que caían de mi corazón eran infinitamente mas pequeñas que el tamaño del pimiento que cortaba, sin embargo el color era el mismo. Verde.
Supuse que seria una de esos proceso de mutación que embellecen a este musculo, que ahora latería mas ligero una vez desechado lo putrefacto. 

Llegó Matías rasgando su rostro con una sonrisa para darMe la vuelta a la tortilla, que por cierto, se había quemado por la otra cara pero seguía cruda en el interior. Encontré la sexta diferencia que me faltaba para corroborar que algo no iba bien, por primera vez, el corazón no me presionó los pulmones hinchándose de pasión y acelerándome la respiración ante su presencia.
Corrí al baño en un paseo disimulado para destapar mi pecho ante el espejo y comprobar la carnicería que se había desatado: no tenía corazón.

En los últimos días había perdido el tacto, la razón, las ganas, el deseo , a él y ahora, a mi. Sin sentimentalismos la causa de todo este huracán se mostraba imperiosa. Miedo. 
Han pasado tres días desde aquello, estoy en la cocina haciendo la lista de la compra y acabo de encontrar la solución más drástica jamás pensada: Compraré corazones en conserva, enlatados, en su sangre, sin colorantes ni conservantes , fuertes y valientes. Que no tengan las dudas y el miedo que tengo yo a volar los sábados a las 13:40 h .


Historias de carnicería.









*la imagen es de Silvia Grav.
*más eco en el tórax aquí: https://www.youtube.com/watch?v=oCScsMofGIA

7 comentarios:

  1. Que duros los momentos en que te das cuenta de eso... y empezar a vivir en conserva...
    Superoriginal el relato

    Besos abisales

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  2. Sin duda, lo mejor que he leído hoy! me gustan esas historias...mucho.

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  3. Pero siempre serán una conserva...yo creo que deberías utilizar tu propia esencia para regenerar ese músculo llamado corazón.....

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  4. Me gusta cómo está escrito. Tiene algo de matemático, quizá como un reloj de precisión. Me gustan los dobles sentidos que has usado. Me gusta, en fin... Un abrazo y gracias

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  5. ¿Sigues teniendo miedo a volar esos sábados a mediodía?

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  6. Si consigues encontrarlos, avisa, que aquí hay otra con vértigo, pero lo mío suele a ser a cualquier hora.
    Precioso texto, como siempre.

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