lunes

 Un  15 de Septiembre solté las maletas en el corazón de Triana con Ana y Teresa, vivíamos entre el mercado y Plaza de Cuba, cerca de una plaza que nos sigue sabiendo a primavera aunque no sea mayo. 
El primer año me relajé perdiéndome, andando de más sin importarme y aprendiendo. Tenía todo el tiempo para conocer los secretos de cada callejuela, las alegrías de los mercados y las noches de todos sus bares.
Aprendí a reconocer las caricias de los distintos grados de calor a lo largo del año, a distinguir las épocas sin calendario según el rojo de los guiris , el precio de los tomates de las huertas y el olor a azahar. Básicamente creo que comencé una relación pasional con Sevilla que llegó a consolidarse cuando me mudé a la Macarena y me sorprendí volviendo a casa cantando encima de mi Lola (mi bicicleta).
Nunca imaginé que una ciudad podría ser uno de mis mejores amantes, que iba a quererla respetando aquello que no compartía, que iba a sorprenderme cada día con algo nuevo y mejor, y que cada año se crecería con un poco más de arte, de música y cultura. Tiene un corazón que late a un compás producto de su variopinta fauna: del panadero, de la verdulera, de los chicos del asador argentino, de la plaza San Lorenzo y del Pelicano, de las tardes debajo del Puente Triana y de la avenida de la Palmera en bicicleta, de mis amigos. 
A mi Sevilla me late a cientos de kilométros y la quiero.
Y todo este rollo no viene a ser una exaltación de mi amor a esa ciudad...Porque ayer me di cuenta, después de siete meses, que he empezado otra relación de amor, a aprender a conocer el cuerpo de otra ciudad, sus curvas y sus puntos de mayor placer, a escuchar lo que me da y querer estrujarlo... y me sorprendí. 

Creo que los callejeros son la explicación mas clara posible de mis amores:  callejones sin salida,  puntos de lugar importante,  calles que van a parar al mismo sitio siempre,  avenidas que rompen con todo, metros que te recorren bajo la piel. 
No soy capaz de no querer de muchas y distintas maneras a la vez y por separado, como a las ciudades y a las calles. Me gusta sorprenderme alegre de estar en un lugar_personas.





Y como buena Cordobesa, que también adora su ciudad, voy a hacer un Salmorejo con música que le va a "quitar el sentio" a Barcelona.


*más sensación térmica en: http://www.youtube.com/watch?v=ucHaIPXR4vE

1 comentario:

  1. Que bonitos son los amores con las ciudades! Sin duda: llenan, duran y nunca dejan de sorprender.

    Yo estoy enamorada de una provincia, una ciudad se me ha quedado pequeña

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